Dolor de vejez
Imagen tomada de https://acortar.link/8aNJyZ
En estos días me ha estado rondando por la cabeza el recuerdo de un anciano abandonado en la esquina de la casa que habitábamos en Fontibón. Yo estaba muy pequeño y recuerdo que sentí miedo. Era un hombre muy mayor con un gran bigote y recuerdo que llevaba sombrero y ruana, podría decirse que era un campesino anciano. ¿Por qué estaba allí? no lo supe o no lo recuerdo ¿qué pasó con ese anciano? nunca lo supe. Lo que si se es que esa imagen ha retomado más fuerza últimamente.
Creo que para ninguno de nosotros son desconocidas las historias de ancianos abandonados a su suerte, que en el mejor de los casos son dejados en ancianatos y en el peor, viven en las calles o maltratados en sus lugares de residencia. En muchas culturas, el anciano de la aldea, o del pueblo o de la tribu, es una persona que se venera con respeto, se le tiene por sabio y se le brindan los cuidados y honores propios de su edad.
En nuestro contexto parece a veces que los ancianos estorbaran y es muy doloroso ver cómo las familias buscan las maneras de deshacerse de esas mal llamadas cargas.
Por donde vivo solía venir un señor ya muy entrado en años, que arreglaba los jardines a cambio de cualquier peso. Mi esposa con su buen corazón en algunas oportunidades le brindaba alimentos que el aceptaba con mucho gusto y agradecimiento, así, entre café y pan, nos enteramos de que vivía en una piecita que una señora le había alquilado baratica, porque la hija de él apenas tuvo la posibilidad, lo sacó de la casa y estuvo a punto de atentar contra su vida. Cualquier día dejó de venir por el sector y no supimos qué fue de ese ancianito.
Admiro mucho a los hijos que tienen la entereza y el agradecimiento de cuidar de sus padres cuando estos llegan a su mayoría de edad, en muchas ocasiones con los achaques propios de la edad sumamente ampliados. No es fácil lidiar con alguien que padezca Alzheimer o Parkinson, o diabetes, o tantas otras cosas que corremos el riesgo de padecer.
¿Qué podrá pasar por la cabeza de una persona que vive en soledad y que está en su vejez? ¿Cuán deprimente puede ser estar tendido en una cama sin nadie que le lleve un vaso con agua para tomarse una pastilla? De verdad que me parece algo sumamente doloroso.
Alguna vez, estando ya en Medellín, caí enfermo dos veces, una por una gripa muy dura y la otra por una infección urinaria que me llevó a hospitalizarme una semana. No hacía mucho había enviudado, así que no conté con el apoyo de mi esposa. Sobre todo, en la gripa en ese estado de soledad, me sentí sumamente deprimido, ya que no sentía alientos para absolutamente nada. Con el problema renal, al menos estaba hospitalizado y me iban a dar vuelta así fuera para llevarme los medicamentos.
Algo que hemos hablado con mi esposa es que, si Dios nos tiene para una vida larga, le pedimos que nos brinde la posibilidad de ser autosuficientes mutuamente. De hecho, hemos contemplado la posibilidad, en su momento, de irnos a vivir en un hogar geriátrico, pero esas son solo ideas, vaya uno a saber cuándo le toca la partida de este valle de lágrimas.
Se preguntarán ustedes ¿Y nuestros hijos qué? pues a ellos los criamos para ser independientes, sabemos que tienen buen corazón y seguramente nos podrían tender la mano si se llegara el momento de necesitarla, pero aspiramos que, si eso se llega a dar, sea por amor y por gratitud, y no que nos miren como una carga.
Cuidemos, amemos y valoremos a nuestros ancianos, comenzando por los de casa, son ellos los que nos necesitan ahora. Y no importa si se está lejos de ellos, una llamada frecuente, una visita, un detalle, son cosas que los alegran mucho y que les hacen sentir lo importantes que son para nosotros. Además, todos vamos pa´ viejos.
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