Otra vez, no es más que un hasta luego

La foto y el montaje, son cortesía de Patty. En estas líneas, Patty, Laura, Doris y este servidor


Saludos itinerantes, espero que se encuentren muy bien.

La semana pasada, mi esposa y yo tuvimos un encuentro muy ameno con una muy apreciada excompañera del bachillerato en compañía de su bella hija.

Mi amiga se llama Claudia Patricia y coincidimos en el estudio por allá en 1986 u 87 en nuestro querido CODIF, aunque en rigor no fuimos compañeros de aula, si lo fuimos de pasillos y patio de recreo.

A Patty la recuerdo mucho porque siempre fue una muchacha muy jovial, es de ese tipo de personas que simpatiza al instante, siempre me trató con mucha cortesía y aprecio.

Su charla era alegre, vivaracha y su risa altamente contagiosa. Después de la graduación en el 89, no volví a tener mayores noticias de ella, de hecho, me tomó un buen tiempo reencontrarme con algunos de mis antiguos condiscípulos de aquella época, y nos vinimos a reencontrar en 2019, a raíz de un grupo de WS que se creó para procurar reestablecer contacto entre algunos compañeros.

Ahí me enteré de que casi éramos vecinos, ya que ella y su familia estaban viviendo en Envigado y mi esposa y yo en Medellín. Tuvimos un primer encuentro para diciembre del 2019, compartimos algunas viandas, muchas risas y noticias de aquí y allá, quedando firmemente comprometidos para realizar un encuentro de manera posterior, pero llegó el 2020 y su pandemia, así que nuestros contactos eran esporádicos por mensajes y ya la siguiente vez que nos pudimos encontrar con ella y su familia, fue la víspera de su viaje al exterior por asuntos laborales del esposo de Patty.

Así que seguimos hablando por mensajes con alguna frecuencia. La semana antepasada ella se comunicó conmigo contándome que estaría de paso unos días en Medellín y quería que tuviéramos la oportunidad de encontrarnos un rato, situación que apenas se pudo cristalizar el viernes pasado, cuando nos encontramos en compañía de su hija Laura y compartimos un sabroso almuerzo, hablamos, nos reímos y yo nuevamente tuve la oportunidad de traer a mi memoria aquella simpática muchacha que se reía con mucha gracia y a la que nunca llegué a ver enojada.

Todo esto es para decir que no importa la cantidad sino la calidad. Me atrevería a decir que todos tenemos amigos con los cuales nos dejamos de hablar tiempos largos, pero, sin embargo, sabemos que ahí están, y ellos saben que ahí estamos. Es muy agradable poder tener la posibilidad de contar con personas que te aportan cosas positivas, optimismo, alegría, y Patty es una de ellas.

Ya otra vez está a punto de regresar a su nuevo hogar fuera del país, y por lo que me ha dicho, no siempre eso resulta fácil, sin embargo, sé que por su forma de ser y por el amor que comparten con su esposo e hija y por la fe en Dios que la sostiene, las cosas van a ir muy bien, estén donde estén.

No puedo dejar de recordar en estos momentos una melodía que solíamos cantar en los Scouts, viene como anillo al dedo:

CANCION DE DESPEDIDA


Porqué perder las esperanzas
de volverse a ver,
porqué perder las esperanzas
sí hay tanto que ver.

No es más que un hasta luego,
no es más que un breve adiós,
muy pronto en nuestro suelo
nos reunirá el Señor

Con nuestras manos enlazadas
y en torno al calor,
formemos esta noche
un círculo de amor.

Pues el señor que nos protege
y nos va a bendecir
seguro que otro día
nos habrá de reunir.


A Patty y su familia todo nuestro amor, estén donde estén.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Astrid

Don Mario